El Yucatán coreano

by Antonio

En Mayo de 1905 llegaría a México un barco cargado de sueños. Proveniente de la actual Incheon, 1.014 coreanos recalaron en las haciendas yucatecas. Empujados por la pobreza que asolaba al país asiático en aquella época, creyeron en la promesa de un futuro mejor que rondaba en un anuncio en las calles de diferentes ciudades del país: Un trabajo esperanzador en un país lejano que les permitiría poder solventar la situación económica de los suyos al volver a su tierra. Finalmente, nada de esto sucedió.

Las haciendas estaban esperando mano de obra barata y eficiente para recolectar las pencas del henequén, una especie de agave que había convertido a la península de Yucatán en una mina de oro verde, debido a la dependencia de esta fibra natural para la industria global de aquella época.

Las condiciones laborales y de vida impuestas a los recién llegados, que entendían poco o nada del idioma en el que les hablaban, eran similares a la esclavitud. Malos tratos y trabajos forzados en los que la retribución correspondía al hospedaje, los alimentos y la educación para sus hijos, además de unas monedas de madera que solo funcionaban en esa hacienda. La invasión japonesa y la posterior ruptura del reino de corea en dos repúblicas separadas por el paralelo 38, además de la revolución mexicana hicieron imposible cualquier atisbo de retornar a su país de origen.

Mucho ha llovido desde entonces. Cumplido el centenario de este evento hace unos años atrás, las generaciones de descendientes siguieron unidas, manteniendo una identidad y una cultura que de manera natural se ha ido hibridando en el camino con la idiosincrasia mexicana.

Ejemplo de ello es el Museo Conmemorativo de la Inmigración Coreana, donde se difunden los diferentes aspectos de la cultura de este país en un contexto contemporáneo muy diferente al que le tocó vivir a la primera generación que llegó a principios del siglo pasado. Este lugar es un homenaje vivo al esfuerzo de esas personas, que ante la adversidad de no poder volver a ver su tierra no dejaron de luchar por un futuro mejor, sin olvidarse nunca de quienes eran.