Transeun3

Transeun3

Guadalupe Porsche

Hace cosa de un mes el sol oaxaqueño iluminaba nuestros días y nos brindaba los mejores atardeceres de todo el viaje. Allí fue donde conocimos a Guadalupe, la persona de la enriquecedora conversación sobre la cual escribimos unos días después. Ahora, con una mezcla de nostalgia y sentimiento de proximidad hacia la misma, queremos compartir con vosotros este vídeo; manteniendo la esperanza de que le ayude de alguna manera a vender su coche y así superar sus dificultades.

Para aquellos que todavía no lo conozcáis, en el siguiente enlace podéis visitar el pequeño texto con el que os lo presentamos a comienzos del mes pasado. Esperamos que ambos os gusten.

 

Dos de tres

Dos de tres

Ahora están camino del aeropuerto, esperando unir Cancún-Madrid en una noche, en un sueño, en un suspiro. Se marchan dos personas a las que engatusé para que me acompañaran en este viaje. Donde me han hecho vivir los tres meses más intensos de mi vida. Inventándonos sobre la marcha un proyecto, recorriendo un país infinito, conociendo a gente maravillosa y culminando con vídeos, textos y fotografías, de los que creo que aún hoy, no nos sabemos del todo orgullosos. Montse y Antonio se conocieron horas antes de agarrar el avión y han hecho suyo un proyecto que en mi cabeza eran vagas ideas. Les doy las gracias por aguantarme y por creerme. Intentaré seguir en solitario con el camino construido juntos, con la ambición de que ellos se vuelvan a unir algún día y que, para entonces, ya seamos más de tres, los Transeun3. A sus familiares y amigos que los recibirán allá, disfrútenlos. Antonio y Montse aún no lo saben, pero son buenos en casi todo. Quédense con sus caras, saben hacer a las personas mejores, más grandes y más humanas. Solo les guardo rencor por este nudo en la garganta, sin duda, el peor momento que he vivido en tres meses.

Os admiro cabrones.

Cosmovisiones, excursiones y evocaciones

Hace unas semanas, de camino a Tlahuitoltepec, se paseó por mi mente un vago recuerdo de mi primer mural. No de cómo era lo que había dibujado, sino más bien de lo que sentí mientras lo hacía y las razones que me impulsaron a llevarlo a cabo.

Quince años atrás una de mis hermanas mayores sumergió su cuarto en el frío azul de un mar nórdico por el que transitaban peces, pulpos, perros y vikingos. La fascinación que producía en mi su forma de pintar me impulsó a imitarla, aunque mis limitaciones pictóricas por aquel entonces me llevaron a utilizar la técnica definitiva: el boli Bic.

Pegué la cama a la pared y empecé a dibujar una variada selección de insectos, entre los que destacaban mariquitas y mariposas. Entre nervios y emoción, me pasé unas tres horas dibujando para después salir corriendo a decirle a mi madre que viniese a contemplar la infinita belleza de mi obra maestra. Ante su desconfigurada expresión, me apresuré a enunciar que mi idea era que fuese lo que ahora se llama work in progress (claro que de aquella no sabía ni lo que quería decir eso) y que a medida que fuese creciendo lo iría completando, puesto que mis manos debían llegar más o menos hasta la mitad de la pared.

Sin pronunciar palabra me dio un estropajo, lo que me hizo pensar que igual mi obra no era tan genial como yo suponía. Pronto deseché esa idea para posicionarme, como la mayoría de “artistas conceptuales”, en la creencia de que mi madre no comprendía mi arte. Como podéis observar, apuntaba maneras para entrar en el mundillo.

Por suerte, con el paso del tiempo mi forma de pensar se ha ido modificando; considerando que lo bonito de aquel mural (y de muchas otras cosas) reside en su inexistencia, ya que lo efímero que fue hace que en mi cabeza siga siendo lo más hermoso que haya creado.

Esta historieta, probablemente distorsionada bajo el efecto de la memoria, es simplemente una anécdota de presentación para el vídeo realizado en el mismo lugar que despertó mi mención. En él, Gilberto Delgado y yo intercambiamos ideas, mundos interiores y hacemos unas risas; todo ello en forma de mural.

¡Imaginación al poder!

 

 

 

Hecho en Oaxaca

Chinuni es algo que las vendedoras regalan a sus clientes en los mercados, un “extra” de producto que se da al comprar cierta cantidad; pero también es mucho más que eso. Con la filosofía de dar algo más, el artista Rosendo Vega y sus colegas han creado un colectivo con el fin de proporcionar residencias artísticas, en la búsqueda del intercambio creativo y cultural. Así mismo, relacionan el arte con la ecología colaborando en diversos proyectos y utilizando la misma con una finalidad social.

Después de tres semanas como residentes, el resultado de esta experiencia ha sido la pieza que ahora presentamos, la cual intenta plasmar la energía y ganas que implican un proyecto como este.

Aquellos interesados en su trabajo pueden conocer más acerca del mismo en su web :

www.chinuni.com

La serenidad del que camina

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En el 706 de la calle Xicotencatl hay un humilde taller de hojalatería y pintura automotriz. La familiaridad del ambiente despierta un impulso consciente que me invita a pasar. En su interior, un hombre limpia una flamante réplica de un Porsche 1954 montada sobre una plataforma “impecable” de un Volkswagen 90. El rojo de su pintura no brilla tanto como el fino cerco azul que rodea la profunda mirada café de esta inspiradora persona. En ella se puede leer la experiencia del que ha vivido.

Desde pequeño, a Lupe le decían Manuel. Sólo descubrió su verdadero nombre años más tarde, con la necesidad de presentar su acta para abrir el taller.

Hace 62 años que dejó a sus espaldas Oaxaca con apenas unos pesos en los bolsillos, la curiosidad romántica del que quiere ver más allá del cerro y unas manos más valiosas de lo que cualquiera podría concebir.

Ahora, con 74 años de historias en su memoria y numerosos devaneos en su corazón, me sonríe mientras dice “Llegué a muchos lugares sin nada, pero al ratito ya tenía un lugar donde trabajar, otro donde dormir y algo para comer. En varias ocasiones dormí en la calle, la mayoría de ellas por causa de una dama.”

Con esa ansia infinita por conocer visitó gran parte de la República, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Estados Unidos, Panamá, Nicaragua, Trinidad; convivió con indígenas, conoció especies animales probablemente ya extintas y el sol calentó su piel en playas vírgenes.

Un desvencijado saco de boxeo cuelga al fondo del taller.

-       Nunca me gustó pelear. Lo hago por mero deporte, aunque en más de una ocasión me dio de comer.

No fuma ni bebe, cree que eso no es un buen ejemplo para sus hijos; los mismos a los que ha criado solo y con los que compartió sus amplios conocimientos.

“No soy listo. Nunca podría decir que hice esto solo.” declara mientras vuelve a sonreír. “Aprendí de muchas personas, incluso de algunas que ni siquiera sabían que me estaban enseñando”. La humildad y la vitalidad son las claves de su encanto.

Con la ayuda de sus tres hijos y durante 5 perseverantes años construyó este coche con sus propias manos y la intención de mostrarles la satisfacción que provoca el hecho de concebir algo superando las dificultades, sobre todo la de aunar las fuerzas necesarias para terminar aquello que se ha comenzado. Ahora espera venderlo, resolver sus pendientes y seguir caminando. Dice que volvería a Costa Rica, Belice o Colombia, lugares donde pasó los mejores momentos de su vida.

Místico de corazón y escéptico de pensamiento, Manuel sabe que la clave de la felicidad reside en la libertad del individuo. “No importa el lugar, sino estar donde uno sea feliz.” Su sabia plática me demuestra una vez más que los valores aprendidos a través de la experiencia no se pueden encontrar en los libros.

Para aquellos a los que les pueda interesar comprar su obra o simplemente tener el placer de conocer a esta excepcional persona, aquí les dejo su contacto:

Guadalupe Díaz Cruz

Xicotencatl, 706 centro

CP 6800 Oaxaca, OAX

(00 52 951) 132 53 05